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SOBRE PACO Y MANOLO
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Sus retratos son tan maravillosos como excitantes, soberbios, lumínicos. He seguido muy de cerca la trayectoria de estos maestros del cuerpo desde que les descubrí hace unos años hojeando las revistas de tendencias españolas. En ese momento me hubiera gustado arrancar las páginas y enmarcarlas. No iba mal encaminada cuando más tarde redescubrí a Paco y Manolo (Barcelona, 1967 y 1968, @pacoymanolo en Instagram) enfrentados al cubo blanco en galerías como Addaya Art, que me abrió las puertas de su virtuoso imaginario personal. Y el año pasado les volví a encontrar en Espai Tactel con su jubilosa y juvenil exposición ‘Memento Mori’, junto a los dibujos de Sito Mújica (@sitomujica), otro artista clave de mi colección. Por no hablar de mi cita periódica con la deliciosa revista ‘Kink’ que edita el dúo (que es como un ‘Interviú’ culto y cuidado, más de un conocido se ha desnudado en esas páginas). He de decir que su obra, polaroids, fotografía, catálogo, me vuelve loca. Me encanta como se enfrentan física y directamente al cuerpo humano, su sexualidad natural, nada confusa ni atormentada, su búsqueda de la belleza, la clásica y común, y la abrupta, extraña y salvaje, la más kink y fetichista. Les necesito.

Ascensión Amaro, 2014

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SOBRE CUADERNO
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A veces hay obras tan perfectas, tan acabadas, que uno tiene cierto pudor al hablar de ellas. Tal es el caso de Cuaderno 02: "Himno del dios Suicida" de Guillermo Martín Bermejo, publicación editada conjuntamente con el número 21 de Kink Magazine. Este cuaderno es el segundo, primero individual, de una serie de colaboraciones entre la veterana publicación de Paco y Manolo y diferentes artistas, que eleva aún más si cabe el interés de la misma.  Vaya por delante destacar la cuidadísima edición de Paco y Manolo Ediciones y la exquisita maquetación de Francesc Mulet, trabajos todos ellos que hacen que el Cuaderno 02 llegue a nuestras manos como lo que es, una propuesta artística fascinante.

David Camps Triadó2014

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SOBRE FORGOTTEN DREAMS
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Last year we saw a documentary by Werner Herzog, "The Cave of Forgotten Dreams" about the Chauvet cave, where they found some paintings dating back 30,000 years. In an age where everything, including art, has an expiration date, that sense of eternity frozen fascinated us.
We’ve been taking pictures together over the last 15 years. In that time we’ve lived some changes that have influenced the way that we work and even the way that we look through the lens. We have gone from traditional analog film to digital cameras, and we are ready and looking forward for whatever may come. But since the photography is measured in pixels there’s a feeling of lack of eternity unlike the cave paintings of Chauvet. With digital format there’s a feeling that at any time we can suffer, let’s say, a strange magnetic storm that will leave us without the work of the last 9 years. 
We’ve had that same sense of transience working with Polaroid: will our images endure over time? Will someone, in a long time, longer than any one of us can imagine, find a box hidden in the manner of the Dead Sea Scrolls and rediscover the Polaroids?.
Without having to wait a thousand years, we have opened our own Chauvet cave in the last few months, rediscovering the Polaroids, thanks to the archaeological photography work being done by Impossible Project. We have opened the cave and we are enjoying it again, because instant photography is something that we’ve always liked, since someone gave us a Polaroid camera as a First Communion present.
This first camera disappeared over time, as much as we’ve looked for it in every corner of our parents’ house fathers, we have no idea what happened to it. In the 90's, already working together, one of us gave the other a 636 Close Up camera for his birthday, and hang out with us for a long time. Until, for many reasons, we stop working with it. And we thought we would not use it again until we discovered Impossible Project.
We did our first Impossible shots in Athens. We fell into despair. We didn’t know how to use them, and there were spotted, sometimes very dark and sometimes very clear ... with the second film, here in Barcelona, we finally got the point. That game with the unexpected became necessary; when a picture came out “correct” we were disappointed. Since then Impossible have improved his chemicals and every time we get more hooked, we even bring a Polaroid camera with us all the time.
“Forgotten Dreams” is a selection of all the work done during these months, plus some of our old Polaroid camera first pictures. Now, in addition to the 636 Close Up camera, we use an Automatic 230 land camera that Francesc left us, a Polaroid Impulse that Lolo gave us and a Spectra System that we bought at Madrid’s flea market.
That's the good thing about working with Impossible, like in the Herzog’s cave, there are 300 million cameras waiting to be rediscovered."

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El año pasado vimos un documental de Werner Herzog, “The Cave of Forgotten Dreams”, sobre la cueva de Chauvet, dónde se encontraron unas pinturas que datan de hace más de 30.000 años. En una época en la que todo, arte incluido, tiene fecha de caducidad, esa sensación de eternidad congelada nos fascinó. 
Llevamos más de 15 años haciendo fotografías juntos, y en ese tiempo ya hemos vivido algunos cambios que han trascendido a nuestra forma de trabajar, e incluso de mirar. Hemos pasado del carrete tradicional a las cámaras digitales, y estamos preparados y abiertos a lo que nos pueda venir a partir de ahora. Pero desde que la fotografía se mide en pixeles tienes esa sensación de falta de eternidad que sí te dan las pinturas de la cueva de Chauvet. Con el formato digital nos da la impresión que vamos a sufrir, por decir algo, una tormenta magnética extraña que nos va a dejar sin el trabajo de los últimos 9 años. 
Y esa sensación de transitoriedad también la tienes trabajando con Polaroid: ¿cuanto van a perdurar nuestras imágenes en el tiempo?¿alguien, dentro de muchos años, muchos más de los que pueda pensar cualquiera de nosotros, encontrará una caja escondida a la manera de los manuscritos del Mar Muerto y redescubrirá las Polaroids?.
Sin que hayan pasado mil años, estos últimos meses hemos abierto nuestra propia cueva de Chauvet, redescubriendo las Polaroids, gracias al trabajo de arqueología fotográfica que están realizando desde Impossible. Hemos abierto la cueva y estamos volviendo a disfrutar. Y es que siempre nos han gustado, desde que a uno de nosotros le regalaron una máquina Polaroid el día de su comunión. 
Esta primera cámara desapareció y, por mucho que hemos intentado encontrarla revolviendo la casa de nuestros padres, no sabemos que ha sido de ella. En los 90, ya juntos, uno le regaló al otro una máquina 636 Close Up para su cumpleaños, y nos acompañó durante mucho tiempo. Hasta que, por muchas razones, dejamos de trabajar con ella. Y ya pensábamos que no la íbamos a utilizar más, hasta que  descubrimos Impossible Project. 
Los primeras fotos Impossible las hicimos en Atenas. Nos desesperamos. No sabíamos como utilizarlas, nos quedaban manchadas, a veces muy oscuras y a veces muy claras… Al segundo carrete, ya en Barcelona, empezamos a cogerle el punto. Ese juego con lo imprevisto se nos hizo necesario. Cuando una foto nos quedaba correcta nos llevábamos una decepción. Han mejorado los químicos de las películas, y cada vez nos vamos enganchando más. Hasta el punto que ya siempre llevamos una máquina Polaroid encima. 
El resultado de todos estos meses de trabajo, más algunas incursiones en las primeras imágenes Polaroid de nuestra antigua cámara, es lo que vamos a poder ver en la exposición "Forgotten Dreams". Ahora, además de la 636 Close Up, utilizamos una Automatic 230 que nos dejó Francesc, una Polaroid Impulse que nos regaló Lolo y una Spectra System que compramos en el Rastro en Madrid. Es lo bueno que tiene trabajar con Impossible. Cómo si se tratara de la cueva de Herzog, hay 300 millones de cámaras esperando ser redescubiertas."

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“La mancha que deja el símbolo es inalienable e impenetrable. Más si esa mancha, a modo de prescripción idealista, permanece en las laderas del tiempo con la nostalgia y añoranza de los recuerdos impolutos, melancólicos, eternos. Paco y Manolo, no sabemos si cansados pero sí añorantes de la metodología analógica que vivieron los fotógrafos precedentes al aluvión, batahola e imperio absolutista de la fotografía digital, han decidido hacer acopio de prescripción, enamorarse de Werner Herzog y su documental La cueva de los sueños olvidados (en el que se documenta el hallazgo de unas pinturas que datan de más de 30.000 años para atrás) y aliarse con la barcelonesa galería Impossible, uno de los centros neurálgico-nostálgicos de la recuperación de la analogía en el click y proveedores centrales de todo tipo de elementos para las cámaras Polaroid, y lanzar Forgotten Dreams: un síndrome de la foto soñada que, desde la analogía y sin ningún filtro de Instagram, se pega a las paredes y a los recuerdos recientes más impolutamente exhibicionistas que la pareja haya parido en los últimos años y ahora, aterriza en la GRC-Mg madrileña con la colaboración de Gloria Transmedia.
Paco y Manolo vuelven a sentirse voyeurs detrás de su(s) ojo(s) avizor(es) pero desde la pura analogía del click para nunca más volver. Sin rectificaciones, estos sueños olvidados encuentran a sus modelos (entre los que encontramos a personalidades conocidas como Ann Clark, alias St. Vincent) repartidos en cien fotografías colgadas de las paredes de Impossible, haciendo acopio de quemazón de las películas, de filtros naturales, de intervenciones nostálgicas, de añoranzas oníricas, de recuerdos recientemente modelados, exhibicionistas, dignos de admiración y que equilibran ese mundo voyeur-exhibicionista de la pareja catalana con ese síndrome por el recuerdo que da la fotografía Polaroid, reina madre de las paredes y de la metodología ya no sólo aplicada por Paco y Manolo, sino del mismo idealismo de recordatorio de la galería. Iconografía analogista dialogando con la lucha por el presente pasado y por las exhibiciones bonitas que la pareja realiza a través de las lecturas del alma y de la exposición del cuerpo en desnudo permanente o aparente.”

Alan Queipo, 2012 (Notodo)

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SOBRE MEMENTO MORI
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"El libro Memento Mori es parte del proyecto realizado en Mallorca y presentado en la galería Addaya Centre d'Art Contemporani de Alaró (Mallorca) en septiembre de 2011 por los fotógrafos Paco y Manolo y el dibujante Sito Mújica. Consta de 80 páginas de fotografías y dibujos realizados para la exposición del mismo título.
Memento Mori nace de la colaboración de los fotógrafos Paco y Manolo y el dibujante Sito Mújica, propuesta por Addaya Centre d'Art Contemporani. El proyecto se inicia en Septiembre de 2010, con una residencia artística en la Galería Addaya de Alaró. Justo un año después, en Septiembre de 2011 se inaugura una muestra con las fotografías y los dibujos resultantes de la colaboración.
En Febrero de 2012 se imprime el libro que resume el proyecto, con texto de Alex Brahim, comisario de arte habitual colaborador de los artistas y diseño de Francesc Mulet, director de arte, entre otras publicaciones y proyectos, de la revista Kink de Paco y Manolo y encargado de la gráfica de las exposiciones de Sito Mújica.
La publicación se presenta en Mutt librería y galería de arte, en Barcelona, el 11 de febrero de 2012 y en el stand de la Galería Addaya (donde también se muestran parte de las obras que configuran el proyecto) en la feria de arte contemporáneo Just Mad3, del 16 al 19 de Febrero de 2012, en Madrid."

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"Paco y Manolo y Sito Mújica unen fuerzas para acercarse al barroco romántico y al halo de desesperanza perpetua de aquella frase labrada y tatuada a hierro en la frente de los siervos a sus triunfadores romanos, Memento Mori, o “recuerda que vas a morir”, y transformar el simposio de imágenes ilustradas y/o fotografiadas en un recorrido por el pasado, presente y futuro del arte barroco en su versión digital, la labranza y espectacularidad de la imagen épica, oscura y renacentista acaba por convertirse en soledad y en base."

Alan Queipo, 2011 (Notodo)

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“Paco y Manolo y Sito Mújica han encontrado, sin esperarlo, un particular punto de inflexión. Su conciencia trágica, su fusión de existencialismo y romanticismo, su dual apelación a la soledad y la empatía, cruza a través de la vivencia compartida el umbral del hábito o la disciplina incorporada, generando auténticos estados alterados en su creación.”

Älex Brahim, 2010 (en el prólogo del libro Memento Mori)
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“En este trabajo presentado en Addaya, el fotógrafo capta la realidad y el dibujante la reinterpreta cargada del mismo lirismo, exquisita técnica y atinada escenografía. A partir de las fotografías de Paco y Manolo y los dibujos de Sito Mújica se establece una relación con carácter de extracto pero con una riqueza de contrastes renovados. Luego vienen las sugerencias, algunas cinematográficas como Tarkovsky.”

Georgina Sas, 2010 (Diario de Mallorca)

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“Los fotógrafos Paco y Manolo, que llevan dieciséis años trabajando juntos y diez exponiendo, tradujeron ese Memento Mori (“Recuerda que vas a morir”) en una serie de imágenes en las que jóvenes y adultos muestran los paisajes de su adolescencia, ese momento en que todo está por llegar y la muerte parece un concepto, más que una realidad. Entre la nostalgia y la elegía se mueven estas fotografías que llamarán la atención de los seguidores de Paco y Manolo por su oscuridad, ya que en el resto de su obra parecen gustar más de la claridad solar.”

Emilio Ruiz Mateo, 2011
(Estandarte)


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SOBRE 10 AÑOS DE PRIMAVERA SOUND
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El tándem de fotógrafos Paco y Manolo lleva más de una década retratando a los artistas que han pasado por el festival Primavera Sound. Ahora, y para celebrar que el festival acaba de cumplir su primera década de vida, acaban de editar un libro que recoge algunos de sus mejores retratos, todos ellos encargos de la revista especializada en música Rockdelux.
El libro se titula '2001/2010: Diez años de Primavera Sound según Paco y Manolo'y por sus 168 páginas desfilan nombres como Anthony and The Johnsons, Cat Power, MGMT, Kim Gordon de Sonic Youth, James Murphy, Nacho Vegas, MGMT, The Streets, El Guincho, Yo la Tengo, Low, Bon Iver, Christina Rosenvinge, Vivian Girls o Russian Red.
Siempre en lugares improvisados y espontáneos (en las bambalinas del festival o en el hotel de al lado del Fórum en el que se hospedan los artistas), sin atrezzo y con los artistas alejados de los micrófonos y el público. Casi siempre, con la cara lavada.
"No hacemos directos, no nos gustan demasiado", se excusa Paco. "Siempre digo que aunque tengamos la suerte de dedicarnos a esto, en el fondo somos muy poco fotógrafos. No sabemos hacer bodegones o reportajes de viajes, así que nos limitamos a hacer retratos. La mayoría de los que aparecen en el libro están hechos en poco más de cinco minutos".
Este año siguen trabajando entre bambalinas, aprovechando las pruebas de sonido que empiezan a las ocho de la mañana. Este viernes fotografiaron a James Blake y a Sufjan Stevens, al que tuvieron que esperar durante hora y media para luego poder dispararle sólo durante un minuto. ¿Alguna sorpresa? "Muchas. Los artistas son mucho más coquetos de lo que parece", asegura Paco. Nick Cave por ejemplo, se les ha vuelto a escapar este año (fotografiarle supone ponerse en contacto con la discográfica, luego con el 'tour manager', que a su vez accede al manager y por último hay que esperar la respuesta del propio Cave: un proceso demasiado kafkiano para un retrato que pretende ser fresco y natural). Franz Ferdinand y Arcade Fire también se negaron en rotundo a posar para ellos.
Aunque se consideran "poco mitómanos", una de sus mayores decepciones fue no poder fotografiar al dúo británico The Pet Shop Boys el año pasado, por problemas de estómago que tuvo Neil Tennat tras el concierto. Y entre sus favoritas está, huelga decirlo, la que protagoniza la portada del libro, de Jarvis Coker. "Desde el día que sacamos esa foto supimos que haríamos algo especial con ella. Poco después los directores del festival nos propusieron hacer el libro y enseguida aceptaron que Jarvis fuera la portada. Por aquel entonces no podíamos ni imaginar que este año Pulp volverían a reunirse".
La primera edición, celebrada el 28 de abril de 2001 en el Poble Espanyol, es la que recuerdan con más cariño. "El festival duró una tarde-noche, y pese al éxito, nada hacía preveer que diez años después se convertiría en lo que es ahora. Recuerdo que fotografiamos a Leila, a Armand Van Helden y a Yasuharu Konishi, el líder de Pizzicato Five".
¿Influencias? Jürgen Teller, Ari Marcopoulos y Wolfgang Tillmans. "La verdad es que no nos gustan nada los fotógrafos musicales. Claro que nos han preguntado muchas veces que qué nos parece el trabajo que hizo Hedi Slimane en el FIB, pero es que no tiene nada que ver con lo que nosotros hacemos. Él fue al FIB con cinco asistentes y pedía que le trajeran a los chicos y las chicas que más le gustaban. Nosotros preferimos trabajar a nuestro aire. A veces pienso que si hace diez años hubiéramos sabido que todas estas fotos se iban a convertir en un libro no habríamos retratado a un montón de grupos pequeñitos y modestos, muchos de los cuales ni siquiera existen hoy, y quizá nos habríamos concentrado más en los cabezas de cartel. Afortunadamente, no ha sido así".

Leticia Blanco, 2011 (El Mundo)